viernes, 16 de junio de 2017

Solsticio de Verano - Stonehenge

Cuando estoy solo, en medio de la naturaleza, bajo un cielo nocturno plagado de estrellas, me doy cuenta de cómo pudieron llegar a sentirse nuestros antepasados ante una experiencia como esta. Una experiencia que, a diferencia de lo excepcional que a mí me resulta, para ellos formaba parte de su vida cotidiana.

Su existencia, su supervivencia, se encontraba íntimamente ligada a entender la relación entre nuestra especie y el entorno en el que vivimos.

En los albores de la civilización, era de vital importancia ser conscientes que esta mecánica celeste condicionaba el devenir de las estaciones, los periodos de siembra, de recolección, las épocas de migración de los animales… en definitiva, la vida.

Buscar las razones por las cuáles se producía este ciclo anual, dieron pie a supersticiones, mitologías, cultos y creencias, pero el constatar el tempo y predecir los acontecimientos estacionales de manera práctica, fueron el germen de la ciencia.

Hace unos 5.000 años, en lo que actualmente es el condado inglés de Wiltshire, en pleno periodo neolítico, empezó la construcción de lo que se considera uno de los primeros lugares donde el hombre plasmó su conocimiento sobre los eventos astronómicos, el crómlech megalítico de Stonehenge.


Incluso en nuestros días, a pesar de la tentación romántica de atribuirle una categoría de complejo observatorio astronómico, la realidad es que tan sólo se puede aseverar que “…el eje principal del monumento está alineado en la dirección de la salida del Sol el día más corto del año (solsticio de verano) o de la puesta en el día más corto (solsticio de invierno) y que quizá haya un alineamiento lunar, pero nada más” (1).

Sea como sea, estas piedras siempre me han atraído de una manera especial por lo que representan: La relación del Hombre con el Cosmos. Y el dibujo lo he hecho para compartir en el blog esos sentimientos que muchas veces aparecen cuando estamos observando el cielo estrellado, esos sentimientos que evocan una sensación de unión con los ancestros que empezaron a ser conscientes del mundo que les rodeaba.

(1) “El desafío del Universo” – Telmo Fernández / Benjamín Montesinos

viernes, 2 de junio de 2017

Fotografía de M13 el 6 de mayo de 2017

La noche del 6 al 7 de mayo, después de tres horas observando diferentes objetos con mi SC de 235mm, empecé ya a sentirme algo cansado, si añadimos que la Luna se encontraba brillando con fuerza en el cielo, decidí muy a mi pesar ir dando por concluida la sesión.

Pero no quería irme sin intentar ampliar mi modesta colección de fotografías de cielo profundo, así que mientras me dedicaba a ir recogiendo los bártulos, dejé la Nikon D5100 acoplada al telescopio apuntando hacia M13.

Este magnífico cúmulo globular lo estuve observando anteriormente y a pesar del condicionante lunar, me dejó tan impresionado que pensé que sería una buena opción para concluir la noche.

Cuando en junio de 2011 compartí en el blog mis primeros pinitos astrofotográficos, lo hice consciente de que su calidad era bastante discreta, pero quise subirlos por dos razones. La primera, por qué me hacía ilusión fotografiar por mí mismo estas maravillas celestes, y la segunda, para poder tener una referencia comparativa de mis inicios y mi futura evolución como fotógrafo.

Sé que no tengo el tiempo libre suficiente como para poder ir mejorando todo lo que me gustaría en este complicado subcampo de la afición que es la astrofotografía, pero por otro lado, veo que las dos razones que me movieron en su día a subir esas fotos, son perfectamente válidas hoy por hoy. Así que aquí dejo mi última versión de M13:

 
Este tipo de cúmulos globulares, brillantes y resolubles, me resultan especialmente complicados a la hora de fotografiarlos, ya que si quiero evitar que se queme el núcleo, no consigo captar las estrellas más débiles; y si quiero alcanzar estas magnitudes tan esquivas, el núcleo sufre y queda saturado.

En este caso, haciendo muchas exposiciones de tan sólo 5 segundos, creo que he conseguido un resultado bastante equilibrado que me ha dejado bastante satisfecho. Poco a poco, pasito a pasito veo que algo voy mejorando, y si uno disfruta con lo que está haciendo ¿qué más se puede pedir?

sábado, 27 de mayo de 2017

Patas de Araña en M13

Cuando la Luna se encuentra brillando en el 85% de su superficie no es aconsejable centrar nuestras observaciones en objetos difusos de cielo profundo, así que la noche del 6 de mayo de 2017, después de haber echado un vistazo a la Luna y a Júpiter, decidí apuntar mi SC de 235mm a un viejo conocido que nunca defrauda, el cúmulo globular M13 en Hercules.

Carta generada con Cartes du Ciel
Durante todos estos años aficionado a la observación astronómica he tenido ocasión de verlo bajo diferentes condiciones de contaminación lumínica y estabilidad atmosférica, y con diversos instrumentos.

Ha habido veces que lo he visto como una simple manchita redondeada y difusa, sin poder resolverlo; otras lo he podido resolver, pero sin poder percibirlo en todo su esplendor por culpa de las luces urbanas; y bajo condiciones óptimas he sido testigo de una bacanal estelar explotando en mi retina. Pero lo que no había notado tan claramente hasta esta noche de mayo, era lo que el maestro Comellas en su libro “Catálogo Messier”, describía como “patas de araña”.

Supongo que la presencia de la Luna, paradójicamente, ha amortiguado el brillo de las estrellas periféricas más débiles ofreciéndome esas patas arácnidas de una manera más evidente de lo que podía percibir en otras ocasiones.

No siempre me atrevo a dibujar lo que veo, especialmente en el caso de los globulares brillantes y ricos, pero ante la excepcionalidad de la observación, decidí intentarlo.

No suelo hacerlo, pero esta vez me vi obligado a romper tres dibujos que había empezado. No me acababa de convencer tal como quedaban, alejados de la impresión que tenía por el ocular. Finalmente, sin estar del todo satisfecho, decidí dar por buena esta versión:



Era impresionante, cuatro brazos estelares que emanan de un núcleo brillante, extenso y perfectamente resoluble. Una de las vistas más bellas y emotivas que podemos ver con nuestros telescopios.