sábado, 9 de septiembre de 2017

M16 - La Nebulosa del Aguila en Serpens (SC 235mm)

Qué importantes son los cielos oscuros en nuestra afición. Cuánto ayuda a veces una buena abertura. Qué difícil es encontrar una noche con buenas condiciones de observación.

Pero cuando tenemos la suerte de disfrutar de todo ello, aparece dentro de nosotros una sensación especial que, en mi opinión, es una de las razones principales por las que un aficionado a la astronomía nunca se apartará completamente de la observación visual.

Sin ningún género de duda, M16, la Nebulosa del Águila, es un objeto que merece la pena observarse en una de esas noches excepcionales. Eso sí, hay que ser conscientes de que debemos dedicarle tiempo, ir sin prisas, con una buena dosis de paciencia, probando diferentes configuraciones de oculares y filtros y adaptando al máximo nuestra vista a la oscuridad.

La dibujé en su día observándola con el SC de 127. Resultó espectacular, pero encontré a faltar un poco más de abertura. La noche del 11 de agosto de 2017 apunté hacía M16 y lo que vi me animó a coger el lápiz y prepararme para pasar un buen rato con el ojo pegado al ocular.



El Hyperion Aspheric de 31mm me ofrece 75,80x y un campo de 56’ que me permite abarcar por completo el cúmulo abierto que se presenta con una gran majestuosidad. En un primer momento destaca una pareja estelar de componentes gemelas: TYC5689-607-1 (mag. 8,2) y TYC5689-1208-1 (mag. 8,8), pero en seguida el conjunto consigue obtener el protagonismo que merece. Estas dos estrellas me sugieren en seguida los dos ojos del águila, seguro que sugestionado por el nombre que recibe la nebulosa.

El campo es muy rico, y está formado por un gran número de estrellas, algunas brillantes (mag. 8-9), otras más débiles, la mayoría de ellas de un color blanco-azulado. Un cúmulo abierto muy bello y atractivo.

La nebulosidad asociada, a pesar de lo que pueda parecer en el dibujo, tan sólo puedo llegar a intuirla. Pero cuando he añadido el filtro OIII, he podido comprobar de primera mano el por qué se la conoce como Nebulosa del Águila. La nebulosa de emisión que acompaña al cúmulo aparece como por arte de magia. Majestuosa. Impresionante. Bien presente y marcada. Más acorde a lo que aparece en el dibujo.

Cambio el filtro OIII por el UHC y, aunque no se ve tan bien definida, sí es cierto que resaltan zonas de la nebulosa que antes pasaban más desapercibidas. Por el contrario, partes muy evidentes con el OIII se atenúan un poco.

Como he comentado es necesaria mucha paciencia y capacidad de concentración para intentar plasmar de la mejor manera posible lo que se ve por el ocular. El dibujo lo empecé marcando las estrellas que veía sin utilizar ningún tipo de filtro. Después puse el OIII y tuve que estar un buen rato para volver a adaptar la vista a la oscuridad y percibir los máximos detalles de la nebulosa. Memorizarlos y dibujarlos. Cambiar el filtro por el UHC y volver a repetir el proceso.

Empecé la observación a las 20h 56m TU y di por terminado el dibujo a las 21h 45m TU. Tres cuartos de hora para un solo objeto, pero sinceramente, con M16, cada minuto invertido en su observación vale su peso en oro.

Carta generada con Cartes du Ciel
    
Una de las cosas que más me ha llamado la atención de mi experiencia con M16 es la dificultad que tuve, tanto con el SC de 127mm como con el de 235mm, de ver la nebulosa. Se podría decir que sin el uso de filtros, de no saber de su existencia, me habría pasado completamente desapercibida.

Después, buscando información sobre M16, he leído en el libro de Ronald Stoyan “Atlas of the Messier Objects” que M16 fue descubierto en 1746 por el astrónomo suizo Phillippe Loys de Chéseaux, el cual lo reconoció como cúmulo, pero no hizo mención de la nebulosa. Posteriormente, Messier de manera independiente lo descubrió el 3 de junio de 1764 dejando anotado:

“Cúmulo de pequeñas estrellas, mezclado con una débil nebulosidad, cerca de la cola de la Serpiente (…) Con un pequeño telescopio este cúmulo aparece bajo forma de una nebulosa”.

También lo reconoce como cúmulo, pero a pesar de citar nebulosidad, a lo que se refiere realmente no es a la nebulosa que lo envuelve, si no, como indica Stoyan, “a la luz difusa de las estrellas irresolubles del cúmulo”.

Posteriormente, ningún observador visual mencionó la nebulosidad a pesar de utilizar algunos de ellos grandes aberturas, y no fue hasta 1895 y 1897 que Barnard y Roberts, de manera independiente, la identificaron en sus fotografías.

El cúmulo abierto está catalogado como NGC6611, mientras que la nebulosidad se identifica como IC4703.

M16 en el cielo presenta un tamaño aparente de 21’. Se encuentra a unos 5.600 años luz de distancia y se expande a lo largo de unos 35 años luz. Las estrellas más viejas que lo componen sólo tienen una edad de 6 millones de años, mientras que las más jóvenes nacieron hace poco más de 1 millón de años. En el corazón de la nebulosa, donde se conoce como “Trompas de Elefante” o “Los Pilares de la Creación”, siguen naciendo nuevas estrellas.

Qué mejor que terminar nuestra observación que recreándonos con las famosas fotografías de M16 realizadas por el Hubble (Detalles) y el ESO (Conjunto):

Credit: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)

Credit: ESO
  
Credit: ESO

domingo, 3 de septiembre de 2017

Asteroide 3122 Florence el 2 de septiembre de 2017

Las personas hemos aprendido a vivir con los peligros potenciales que amenazan nuestra existencia. Si continuamente estuviéramos pensando en todo lo que nos puede hacer daño, no disfrutaríamos ni un segundo de nuestra vida. Pero ello no quiere decir que nos olvidemos por completo de ellos.

Sin ir más lejos, sabemos del peligro real que implica la colisión de un cuerpo celeste contra la Tierra, que tanto puede llevarnos a un cambio de modo de vida inimaginable para nosotros como, en el peor de los casos, a nuestra completa extinción como especie.

Sabemos que ya se han dado casos en nuestra historia planetaria, y aunque somos conscientes que no es muy probable que un hecho como este se produzca durante nuestra corta vida personal, el cosmos se encarga de recordarnos de vez en cuando que este peligro es real.

Los días 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre de 2017, los astrónomos aficionados tuvimos la ocasión de observar con nuestros pequeños telescopios el asteroide 3122 Florence, que aunque no haya peligro de colisión, sí se trata del mayor asteroide que ha pasado más cerca de nuestro planeta desde que la NASA empezó su proyecto de detección de asteroides potencialmente peligrosos.

Según los datos ofrecido por el telescopio Sptizer de la NASA y de la misión de NEOWISE indican que 3122 Florence tiene unos 4,4 km de diámetro y se trata de un asteroide de tipo Amor (https://es.wikipedia.org/wiki/Asteroide_Amor), que son aquellos con una órbita que contiene totalmente a la terrestre y que un perihelio menor de 1,3 UA.

En la página del Minor Planet Center podemos encontrar un esquema de su órbita y su posición más cercana a la Tierra, que se dio la noche del 1 de septiembre y que fue de unos 7 millones de kilómetros de distancia, o casi 18 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Algo que se dio por última vez en 1890 y no se volverá a producir hasta después del 2500.

Minor Planet Center
Este asteroide fue descubierto en marzo de 1981 por el astrónomo Schelte "Bobby" Bus desde el Siding Spring Observatory en Australia y fue bautizado como Florence en honor de Florence Nightingale (https://es.wikipedia.org/wiki/Florence_Nightingale), una valiente mujer británica precursora de la enfermería profesional moderna tal como la entendemos hoy en día.

Su periodo orbital dura 2,35 años (859,48 días) y se desplaza a unos 14 km/s

Carta generada con Cartes du Ciel
Desde finales de agosto que tenía previsto echarle un vistazo con el telescopio, pero la cosa se fue complicando. En primer lugar porque tendría que observarlo desde Barcelona ciudad con mi SC de 127mm, con lo que la contaminación lumínica me condicionaría seriamente. Con todo, teniendo en cuenta que estaba previsto que el asteroide brillaría con una magnitud de 8,7, tenía esperanzas de cazarlo.

En segundo lugar, y completamente frustrante, fueron las nubes y la lluvia del 31 de agosto y las nubes del 1 de septiembre.

Me fui a dormir lamentando mi mala suerte. Y seguro que mi subconsciente no quedó muy conforme, ya que hacia las cuatro de la madrugada me desperté, di unas cuantas vueltas en la cama y decidí levantarme un momento y asomarme al balcón. El cielo estaba despejado.
No me lo pensé dos veces, me vestí y, más lento de lo que mi cerebro indicaba, acabé montando el telescopio y dirigiéndolo hacia las coordenadas donde debería encontrarse el 3122 Florence.

Fue un poco frustrante. No tenía estrellas brillantes de referencia y tampoco era capaz de identificar el asteroide.

Finalmente opté por acoplar la Nikon D5100 y sacar algunas fotografías. Cuando acabé, el asteroide ya quedó tapado por unos edificios. Me fui a dormir con un sabor agridulce. No había podido verlo en directo, al menos de manera consciente, pero había podido sacar algunas fotos, que con un poco de suerte, me mostrarían su movimiento.

Esta es una de las fotos en bruto que pude sacar, una muestra de la brutal contaminación lumínica que sufría:


Y aquí el discreto gif animado que finalmente pude conseguir. Recorte de tres fotografías espaciadas un cuarto de hora cada una y donde se puede apreciar la gran velocidad a la que se desplazaba el asteroide. Una pena no haberla podido verlo en directo.


Y esta imagen rotulada con las estrellas de referencia y el asteroide.


Dentro de la frustración por no haberlo podido identificar en directo, me queda la satisfacción de haberlo cazado fotográficamente.

Esperemos no encontrarnos algún día en la tesitura de ver uno que venga directamente hacia nosotros.

viernes, 1 de septiembre de 2017

M22 - Cúmulo globular en Sagittarius con el SC de 235mm

El 26 de Agosto de 1665, un astrónomo aficionado alemán, Abraham Ihle, descubrió el cúmulo globular que posteriormente Messier catalogaría como M22. Lo hizo de manera casual, como muchos de los descubrimientos, mientras estaba observando Saturno. Durante esa época planeta y cúmulo se encontraban separados únicamente por unos 1,5º.

Fue el primer globular en ser descubierto, y la verdad, es que dejando de lado estas curiosidades, M22 es uno de los objetos ideales tanto para aquellos que empiezan con la afición como para los que ya llevan unos cuantos años a cuestas observando por el telescopio.

Yo lo he podido disfrutar a simple vista, con unos humildes prismáticos, con un telescopio mediano y con el SC de 235mm. Con este último lo he estado observando cada verano desde que lo compré, pero nunca me había atrevido a dibujarlo. Siempre me quedaba alelado con el ojo pegado al ocular contemplando el incontable número de estrellas que aparecían en él.

La noche del 14 de agosto de 2017 volví a visitarlo coincidiendo con una noche oscura, y tuve la misma sensación de siempre. Pero no sé por qué razón, me animé a dibujarlo.

Cuando terminé con él, acabé realmente exhausto y con un sentimiento contradictorio. Por un lado, contento por haberlo dibujado, por otro, reconociendo que no había sido capaz de plasmar toda la belleza que pude contemplar con mis ojos.



Es muy fácil de localizar a unos 2,5º al noreste de Lambda Sagitarii, y gracias a su magnitud visual de 5,1 y un diámetro aparente de 33’, no hay duda de que se trata de él cuando lo hemos encontrado.

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Es impresionante comprobar cómo ocupa prácticamente todo el campo del Televue Delos de 14mm (26’). Núcleo extenso, lleno de estrellas bien definidas e individualizadas que de manera paulatina van disminuyendo su densidad a medida que nos alejamos del centro globular.

Infinidad de estrellas. Imposible de dibujarlas todas. Pero la imagen que ofrece M22 en una buena noche y con un telescopio de buena abertura, es una de las más bellas que he visto nunca a través del telescopio.

viernes, 25 de agosto de 2017

STT370 - V0342 Aql, una doble-variable en Aquila

En octubre de 2012 Tomás (NOA), un compañero del foro de la Asociación Astronómica Hubble, nos propuso la observación de STT370, una estrella doble que podemos encontrar en la constelación de Aquila con una peculiaridad muy interesante: su componente B es una estrella variable (V0342 Aql) que oscila entre la magnitud 9,5 y 12,9, lo que significa que podemos pasar de contemplarla sin ninguna dificultad, a perderla de vista dependiendo de la abertura de nuestro telescopio y/o la contaminación lumínica que suframos.

Carta generada con Cartes du Ciel

Como estrella doble está catalogada en el WDS como STT370, donde aparece como triple con los siguientes datos:


Mientras que como variable, en la página de la AAVSO la encontramos como V0342 Aql:

https://www.aavso.org/vsx/index.php?view=detail.top&oid=1481

AAVSO
Y tenemos suerte de que se trate de una variable eclipsante, tipo EA, al igual que la famosa Algol, ya que esto nos permite predecir el momento en que se encontrará en su mínimo. Tan sólo tenemos que clicar en el enlace de la AAVSO en el apartado “Ephemeris” y se abrirá un cuadro donde nos indicará los próximos mínimos de la variable (en Tiempo Universal).

V0342 Aql. con una clase espectral A4II, tiene un periodo de 3,39 días con lo que no deja de ser curioso, y al mismo tiempo frustrante, comprobar que tuve noticia de esta variable/doble en 2012, y no poder ver en condiciones su mínimo hasta este agosto de 2017. Otra muestra de que no observo todo lo que me gustaría.

Al empezar mis vacaciones me planifiqué como objetivo, otra vez, observar la variación de brillo de V0342 Aql. El 10 de agosto de 2017 las condiciones de la noche no eran las más adecuadas para observar, ya que la Luna se encontraba iluminada casi en el 90% de su superficie, soplaba un fuerte viento y las turbulencias eran terribles. Pero a pesar de ello quise hacer una primera aproximación a STT370 para familiarizarme con el campo estelar que la acompaña.

Apunté hacia ella el SC de 235mm con el Nagler de 16mm (146x) y me encontré con algo que no me esperaba, una bonita doble de colores contrastados.


Una estrella principal que brilla con un potente color amarillo gracias a su clase espectral K2II y una secundaria blanco-azulada de clase A4II. Su separación es muy cómoda, y sus magnitudes casi gemelas de 8,3 y 8,7 permiten disfrutarla sin demasiadas complicaciones. Muy bonita, con el añadido de la promesa del aliciente de contemplar el eclipse estelar de su componente B.

La noche siguiente, la del 11 de agosto, seguía soplando el viento, aunque más racheado, pero la Luna todavía no asomaba la nariz, así que me decidí a sacar una fotografía de la zona. Continuaba con los preparativos para el mínimo del 12-13 de agosto.


Finalmente llegó el gran momento.

Mi intención era hacer un seguimiento completo, pero debido a ciertas circunstancias sólo pude hacer un dibujo y una fotografía. Mi maldición con esta doble/variable continuaba.

Pero después de cinco años esperando, no puedo quejarme.

Según las efemérides de la AAVSO, el 12 de agosto de 2017, a las 20h 48m TU empezó el descenso de brillo; a las 02h30m TU del 13 alcanzó el mínimo y finalizó la variación hacia las 08h12m TU


A las 23h50m TU apunté el telescopio hacia V0342 Aql y agradecí el haber observado previamente el campo estelar. La componente B de la doble presentaba un evidente descenso de brillo. Según mis estimaciones debía alcanzar la magnitud 11,8 y me habría resultado más complicado haberla identificado sin haber hecho el trabajo previo.

El dibujo que hice no tiene la misma orientación que el del día 10, pero sí punteé las mismas estrellas para que la comparativa fuera más clara.


Como digo, la maldición continuaba. La orientación de la terraza de la casa de mi pueblo me impide ver el horizonte Oeste, y V0342 Aql se aproximaba peligrosamente al momento en que quedaría fuera de mi visión oculta por la pared de mi vivienda, así que me vi obligado a hacer una foto hacia las 01h19m TU, antes de que alcanzase el mínimo:


Y digo que no puedo quejarme porqué a pesar de todo he podido contemplar gran parte del eclipse y descenso de brillo y conseguido dos fotografías que me han permitido componer este gif que sirve de colofón a mi primera experiencia con esta atractiva, asequible e interesante doble/variable.


Merece la pena echarle un vistazo. Por mi parte, sin duda volveré a hacerlo, tan sólo confío en que no tenga que esperar cinco años más para ello.

domingo, 20 de agosto de 2017

Salida de Sol del 19-8-2017

Después de tres semanas de vacaciones en mi pueblo, me despido de él con una bonita salida de Sol.


He podido recargar pilas (que lo necesitaba), he podido volver a disfrutar con la familia de unos días de descanso, he podido reencontrarme con los amigos, la naturaleza; y en lo que se refiere a la afición, entre días nublados, algunos de observación muy agradable y con material para ir actualizando el blog.

Además, con esta fotografía quiero celebrar la entrada número 700 de "La Orilla del Cosmos". Cuando empecé con él el 2 de marzo de 2009, no pensé que tendría tanto recorrido. Aprovecho para agradeceros a todos los que lo visitáis regularmente y a los que de manera puntual lo consultan vuestro apoyo; espero que mis notas, dibujos y fotografías hayan servido para estimular esta bonita afición que es la astronomía.

lunes, 14 de agosto de 2017

Mi primera fotografía de una Perseida

Sin duda, se necesita una gran dosis de suerte para conseguir una fotografía como la que hice la madrugada del 13 de agosto de 2017. Lo más probable es que no vuelva a repetir algo así en toda mi vida.


Estaba recogiendo todos los trastos después de una agradable noche de observación y decidí no dejar la cámara ociosa. Así que la monté en el trípode y apunté hacia la constelación de Orión, que empezaba a asomar por el horizonte, y que se encontraba acompañada por un brillante y llamativo Venus.

Durante la noche había podido ver seis o siete meteoros surcando el cielo mientras observaba, lo que resulta un gran éxito para mí, ya que no suelo tener mucha suerte con la lluvia de estrellas de las Perseidas. Lo habitual es que mientras yo estoy mirando hacia un lado, la estrella fugaz aparezca por el otro.

Pero al final, después de muchos años intentándolo, conseguí pillar mi primera Lágrima de San Lorenzo. Un excelente colofón a una agradable noche.

Las Perseidas son una lluvia de meteoros que podemos contemplar desde el 17 de julio al 24 de agosto, siendo su máximo alrededor del 11 y el 13 de agosto. La razón por la que podemos verlas de forma regular es la presencia del cometa 109P/Swift-Tuttle. Cuando la Tierra en su órbita alrededor del Sol se desplaza por la zona donde previamente ha pasado el cometa, los restos dejados por el 109P/Swift-Tuttle que son atraídos por la gravedad terrestre y entran en contacto con nuestra atmósfera, dejan una estela brillante que siempre nos llama especialmente la atención.

Ya no pido deseos cada vez que veo alguna, pero después de ver y captar la de la fotografía, volví por unos instantes a la ilusión que tenía cuando las observaba de pequeño.

sábado, 12 de agosto de 2017

M26 - Cúmulo Abierto en Scutum con el SC de 235mm en una mala noche

¿Qué es lo que motiva a un astrónomo aficionado mirar por su telescopio aguantando rachas de viento de 60 km/h, una brillante Luna iluminada prácticamente en el 90% de su superficie y unas estrellas que por momentos se asemejan más a pelotas de golf temblorosas? Fácil, varios meses de sequía observacional.

Así me encontré yo la noche del 10 de agosto de 2017.

Después de tres meses sin poder sacar el telescopio por varios motivos, no me importaron tanto los inconvenientes con los que me topé, como las ganas que tenía de volver a disfrutar de una noche bajo las estrellas.

Eché un vistazo a Saturno, a M57, a M31, a M17… en todo momento condicionado por la luz de la Luna y las terribles turbulencias provocadas por el viento. No quería apuntar a ningún objeto nuevo, ya que era consciente que no podría exprimirlo al máximo y entonces recordé que tenía pendiente dibujar M26, un cúmulo abierto localizado en Scutum, observándolo con mi SC de 235mm.

Me dirigí a él, puse el ojo en el ocular y lo que vi, a pesar de ser consciente de que no era la vista mejor que podía obtener, me invitó a sacar el lápiz y puntear las estrellas que apreciaba de manera más o menos cómoda.



A M26 tuve la ocasión de observarlo con mi SC de 127mm. A decir verdad en un primer momento me resultó algo decepcionante, pero a medida que fui adaptando la vista a la oscuridad me quedó esa sensación de que con mayor abertura podría ofrecer mucho más. Con el SC de 235mm, después de un buen rato lidiando con todo tipo de inconvenientes, al final llego a la misma conclusión.

Con todo, mentiría si dijera que no mejora ostensiblemente con esta abertura, y eso a pesar de la mala noche.

En un primer momento, con el ocular de 25mm (94x)la distintiva naturaleza de cúmulo abierto queda bien definida en el campo que puedo observar.

Pongo el ocular Nagler de 16mm (146x).

Cuatro estrellas blanco-azuladas que se encuentran envueltas por un buen número de puntitos parpadeantes que resulta muy llamativo.  Como he comentado antes, en el dibujo sólo plasmé las más evidentes. En visual la sensación que se tiene es que juegas al gato y al ratón con un buen número de estrellas extremadamente débiles.

Es cierto que no se puede considerar un cúmulo de componente brillantes, pero el número de estrellas que lo forman compensa un poco esta carencia. En definitiva, un exigente cúmulo abierto que ofrece muchas posibilidades bajo condiciones de observación adecuadas.

Carta generada con Cartes du Ciel

viernes, 21 de julio de 2017

STF1932AB – Un buen reto en Corona Borealis

Tal vez las estrellas dobles que más me gusta observar son aquellas que poseen dos componentes gemelas y cercanas entre sí. Siempre me han recordado a los ojos de un peligroso felino que estuviera acechándome en la oscuridad.

Como puede verse, en mi caso por lo menos, la observación astronómica no está reñida con la imaginación.

Sin embargo, ese efecto se pierde si las dos componentes se encuentran demasiado próximas. Pero lo que es un inconveniente en este sentido, es una gran ventaja a la hora de desdoblar pares muy cerrados. El hecho de tener magnitudes idénticas o similares nos permite separarlas sin tanta exigencia como la que tendríamos si fueran de brillo excesivamente contrastado.

En la peculiar y fácilmente identificable constelación de Corona Borealis podemos encontrar una doble exigente, pero asequible gracias a sus componentes gemelas. Se trata de STF1932AB, un bonito reto para pequeños y medianos telescopios.

Carta generada con Cartes du Ciel
Sinceramente, cuando la observé por primera vez con mi SC de 127mm el 21 de junio de 2010, no esperaba que fuera tan “fácil”. Lo que demuestra que los retos son menos complicados cuando nos encontramos ante una buena noche como la que disfruté en su día.

Localicé la estrella a 50x y conociendo la crítica la separación de sus componentes (1,6”), puse sin contemplaciones el ocular de 7,5mm (166x). Y comprobé con sorpresa que ya podía distinguir dos soles gemelos, puntuales,  perfectamente separados y ambos con un color blanquecino. La palabra que me vino a la cabeza fue: Serenidad.


Estuve un buen rato disfrutando de la vista, dejándome llevar por la belleza de este par tan apretado.

Apostaría que en una noche con más turbulencia hubiera tenido serias dificultades con ella, pero esa noche fue fantástica.

Situada a una distancia de unos 117 años luz de distancia, sus componentes A y B completan una órbita en unos 203 años. Ambas presenta una clase espectral F6V y la principal, es así mismo una doble que aparece catalogada como CHR 45. Imposible en visual, pero que sirve para volver a hacer volar mi imaginación cada vez que la observo.

viernes, 7 de julio de 2017

El Gran engaño de la Luna (The Great Moon Hoax)

Cuando buscamos información por internet deberíamos mantener siempre una actitud crítica sobre lo que leemos, intentar contrastar fuentes y evitar creer que todo lo publicado en la red es cierto.

Quiero creer que la gran mayoría de los usuarios de internet, somos conscientes de ello, y aunque no estemos libres de caer en algún engaño o falsa noticia, como mínimo intentamos que siempre nos acompañe el pensamiento crítico.

Esta reflexión me ha venido a la cabeza después de leer acerca de una historia que no conocía referente a la “investigación” lunar, historia que se conoce como el “Gran engaño de la Luna” (The Great Moon Hoax).

El 25 de agosto de 1835, un prestigioso diario neoyorquino, “The Sun” publicó (sin firma de autor) el primero de una serie de seis artículos donde daría a conocer los impresionantes descubrimientos lunares realizados, según mostraba el titular, por Sir John Herschel gracias a un nuevo telescopio “de vastas dimensiones y construido bajo un principio completamente nuevo”.   

The Sun
Según se relata, “Herschel el hijo , desde su observatorio situado en el hemisferio meridional , ba llegado á hacer los mas estraordinarios descubrimientos en todos los planetas de nuestro sistema solar; ha descubierto planetas eu otros sistemas solares; ha conseguido ver con la misma claridad los objetos en la Luna , que la simple vista los distingue en la tierra, á la distancia de 100 varas poco mas ó menos; ha fijado afirmativamente la cuestion de si este satélite está ó no habitado , y por qué clase de seres lo está; ha establecido sobre bases firmes una nueva teoría sobre los fenómenos producidos por los cometas, y ha resuelto ó corregido casi todos los problemas principales de la astronomía matemática”.

La fuente que aportó todos los datos que permitieron la redacción de los artículos fue el Doctor Andrew Grant, discípulo de William Herschel y estrecho colaborador de John Herschel. Todos estos magníficos descubrimientos se realizaron gracias al flamante nuevo telescopio de Herschel cuya historia y características técnicas son descritas minuciosamente en los artículos.

Se apunta con todo tipo de detalles lo que Herschel fue viendo en la Luna. Lo primero que percibió fue una vasta extensión donde predominaba la presencia de “una flor de color encarnado oscuro exactamente igual, dice el doctor Grant , el Papaver Rheas ó amapola de la tierra, siendo esta la primera produccion orgánica de la naturaleza en un mundo estraño en que jamás se fijó la vista del hombre”.

Pero las maravillas naturales no quedaron ahí:

“Los árboles , dice el Dr. Grant , por espacio de 10 minutos, fueron de una misma especie, diferentes de todos los que yo he visto, escepto la parte mas corpulenta de los tejos que se hallan en los cementerios ingleses, con los que tienen alguna semejanza. A estos se siguió una verde llanura, la cual, medida por el círculo señalado en nuestro lienzo de 49 pies, debia tener mas de media milla. Despues apareció un hermoso bosque de abetos , que indudablente lo eran, en un todo semejantes á los que se crian en el seno de las montañas de mi patria. Cansados de la duracion de estos, redugimos mucho el poder aumentador del microscopio, siu eclipsar ninguno de los reflectores, é inmediatamente percibimos que sin sentir habíamos ido descendiendo, por decirlo así, por un distrito montañoso en estremo variado y romántico, y que nos bailábamos á la orilla de un lago ; pero sin que pudiésemos determinar su estension y localidad relativa , porque todavía veíamos los objetos con demasiado aumento”.

Resulta asombroso la manera en que describía lo que iban descubriendo, un verdadero catalizador para la imaginación de los lectores:

"El agua , todas las ocasiones que la vimos , tenia un color tan azul como el del Occéano , y se estrellaba en grandes olas blancas contra la playa”.

Y como cabía esperar, tanta vegetación daba cobijo a una serie de animales. Finalmente, se había encontrado vida fuera de nuestro planeta. Una noticia en exclusiva digna de aparecer en primera página:

“En la sombra de los bosques por la parte del Sur vimos repetidas manadas de cuadrúpedos de un color pardo, con todas las señales esternas del bisonte, pero mas pequeños que ninguna especie de este género en nuestra historia natural. La cola era como la de nuestro bosgrunniens; mas por sus cuernos semicirculares, por el bulto que tenian en la espalda, por lo largo de su papada y por lo largo y lanudo de su pelo , se asemejaban mas á la especie antedicha. Tenian, sin embargo, una faccion distintiva, y que despues hemos encontrado ser comun á casi todos los cuadrúpedos de la Luna, á saber: una notable carnosidad sobre los ojos que les cruza toda la frente y se une á las orejas. Este peludo velo pudimos verlo con toda claridad , y su figura era como el frontis superior de cierto gorro que usan nuestras señoras, y el cual bajan y suben valiéndose del movimiento de las orejas”.

“El siguiente animal que observamos, seria clasificado en la tierra entre los monstruos; era de un color de plomo azulado, del tamaño de una cabra, con la cabeza y barba como las de esta, y un solo cuerno i algo inclinado hacia afuera, pero casi perpendicular”.

“En cuanto á animales, distinguió nueve especies de vivíparos, y cinco de ovíparos. Entre los primeros se encuentra una especie de gamo pequeño , el alce , el mosa, el oso cornudo y el castor bípedo”

Y sigue describiendo la fauna que van descubriendo con el telescopio. Lo que daríamos por tener uno que nos ofreciera estas vistas de la Luna…

El relato llega a su momento álgido con la vista de lo que identifican como vida inteligente:

“Nos quedamos sobrecogidos de asombro al percibir sucesivamente cuatro bandadas de unos seres alados de gran tamaño, enteramente diversos de ninguna especie de aves, los cuales descendieron con un movimiento lento é igual desde los despeñaderos del lado occidental , y vinieron á posarse en la llanura. El primero que los observó fue el Dr. Herschel, y esclamó: «Ea, caballeros, mis teorías contra sus pruebas de Vds. vuelven como otras muchas veces, á salir gananciosas: aquí tenemos cosa digna de ser observada. Yo estaba perfectamente persuadido de que si lográbamos descubrir seres de figura humana en la Luna, seria en esta longitud, y que el Criador los habria dotado de algún medio estraordinario de locomocion; pero cambiemos este cristal por el mio señalado con la D. » Colocado este con la posible brevedad , nos presentó una hermosa vista á distancia de media milla , y contamos hasta tres cuadrillas de estos seres, una de doce, otra de nueve y otra de quince individuos, que andando en dos pies y derechos , se dirigian á un pequeño bosque próximo á la base de los precipicios de la parte del E. No cabe duda en que se asemejaban á seres humanos, porque al andar, no se les veian las alas, y su marcha era erecta y llena de dignidad”.

“Dímosles la denominacion científica de Vespertilio-homo ú hombre murciélago ; y es indudable que son criaturas inocentes y felices, aunque algunas de sus diversiones no se avendrian muy bien con el decoro de nuestras costumbres terrestres”.


El autor del artículo debió darse cuenta que tal vez los lectores no creerían lo que estaban leyendo, así que se justificó de esta manera:

“Hemos obedecido, como debíamos, con toda fidelidad, el encargo privado que nos ha hecho el Dr. Grant de omitir ciertos pasages de su correspondencia eminentemente curiosos, aunque no nos hacen mucha fuerza las razones que para ello nos da. Es cierto que los párrafos suprimidos contienen hechos que serian absolutamente increíbles para aquellos lectores que no ecsaminan escrupulosamente los principios y capacidad del instrumento á que se deben tan portentosos descubrimientos; pero lo mismo sucederá con casi todos los que han tenido la bondad de permitirnos publicar: razon por qué nos pareció que la esplícita descripcion que hemos hecho del telescopio era un preliminar de la mayor importancia. Por estos , pues, y otros pasages que nos han sido proibidos , y publicará el Dr. Herschel , con certificados de las autoridades civiles y militares de la colonia y de varios clérigos episcopales, wesleyanos y de otras sectas, á quienes en el mes de marzo último se permitió, bajo palabra de honor de que habian de guardar el secreto temporalmente, visitar el observatorio, y ser testigos oculares de las maravillas sobre que iban á certificar, estamos seguros de que su obra será á un mismo tiempo la mas sublime en la ciencia , y lo mas interesante para la generalidad , que jamás ha dado de sí la prensa”.

Y por si había alguna duda acerca de la inteligencia de los pobladores lunares, la presencia de un magnífico templo:

“El primer objeto que en este valle apareció sobre nuestro lienzo, fué una magnífica obra del arte..... ¡ Un templo! Era su figura la de un triángulo equilátero, construido de saliro pulimentado ó de alguna piedra azul resplandeciente, que como él presentaba millares de puntos dorados y luminosos que brillaban centelleando espuestos á los rayos del Sol”.


Y la conclusión final a partir de las observaciones realizadas:

“El universal estado de amistad en que viven todos los seres animados de la Luna, y la aparente carencia de toda especie carnívora ó feroz , nos causó el mas esquisito placer , y nos hizo doblemente cara á esta amable compañera nocturna de nuestro mas voluminoso, pero menos favorecido mundo. Toda mi vida , cuando eleve la vista a la gran bóveda azul , y bendiga la benéfica luz de este planeta, recordaré entusiasmado las escenas de hermosura, grandeza y felicidad que su superficie me ha ofrecido, no por medio de un vidrio ahumado; sino cara á cara”.

La serie de artículos termina de forma abrupta remitiendo a un futuro libro preparado por John Herschel:

“(…) prefiero que salga su descripcion por primera vez al público en la historia natural de aquel planeta que está imprimiendo el Dr. Herschel i autenticado en debida forma”.

Las ventas del periódico aumentaron considerablemente, el interés de los lectores era indiscutible y muchos otros periódicos a nivel internacional se hicieron eco de la noticia. Aunque es cierto que había defensores y detractores de la veracidad de la noticia.

Al cabo de unos meses se confirmó el engaño, ya que el propio John Herschel, al ser preguntado acerca de “sus” descubrimientos lunares no pudo por menos que desmentirlos de manera jocosa, aunque al final, llegó a convertirse en un incordio para él, ya que continuamente era interpelado acerca del fenómeno.

The Sun nunca llegó a retractarse, y aunque posteriormente se atribuyó “la broma” al periodista Richard Adams Locke, que por cierto nunca reconoció en público, y se comprobó que el tal Dr. Grant no existía, parece que esto no importó a sus lectores que siguieron comprando el respetable periódico.

Como he comentado al principio, desconocía esta historia, y en un primer momento me ha parecido inverosímil, sin embargo, si tenemos en cuenta cómo se encontraba el mundo, y en especial las comunicaciones, hacia 1835, puedo llegar a comprender lo que ocurrió.

Sin ir más lejos, el 30 de octubre de 1938, Orson Welles y su “Guerra de los Mundos” hizo reflexionar a más de uno acerca del problema que supone creer todo lo que nos explican los medios de comunicación sin molestarnos en contrastar las noticias.

Nota:
Aquí se puede encontrar la traducción de los artículos realizada en 1836 por Francisco de Carrión digitalizada por Goggle:

domingo, 2 de julio de 2017

Artículo en el OED-19: ¿Por qué observo estrellas dobles?

Como buen aficionado a las estrellas dobles, no dejo de estar pendiente de la aparición de un nuevo número de “El Observador de Estrellas Dobles”, una publicación de referencia internacional editada por tres magníficos compañeros, Rafael Benavides Palencia, Juan-Luis González Carballo y Edgardo R. Masa Martín.

Ya está disponible el nº 19 correspondiente al segundo semestre de 2017 y que puede descargarse desde la página oficial de la publicación:

https://elobservadordeestrellasdobles.wordpress.com/2017/06/30/no-19-de-el-observador-de-estrellas-dobles/

El Observador de Estrellas Dobles
A parte de grandes artículos sobre mediciones, técnicas y novedades, en el OED existe una sección habitual que nos suele acercar al aspecto más humano de la afición, ¿Por qué observo estrellas dobles?. En ella cada número, un compañero relata de una manera muy personal las razones y acontecimientos que le condujeron a aficionarse al mundo de las estrellas dobles, su relación con ellas y lo que significa en su día a día astronómico. En definitiva, la experiencia personal. Es una sección que siempre leo, ya que me siento muy identificado en la mayoría de casos que se exponen.

Y gracias a la invitación de los editores, en este número 19 soy yo el encargado de compartir con todos los lectores mi experiencia y relación con este fascinante campo de la afición astronómica.

Os invito a leer la publicación, una herramienta muy útil para todos los amantes de las dobles, y en particular la sección de “¿Por qué observo estrellas dobles?”, ya que como digo al final del artículo: “He podido comprobar que una vez has caído en las redes de las estrellas dobles, nunca podrás escapar de ellas, y lo bueno es que no tengo ningún reparo en aconsejar a cualquier aficionado que se deje atrapar por ellas, no lo va a lamentar”.

Gracias a Rafael, Juan-Luis y Edgardo y a todos los colaboradores habituales. Somos muchos los que os agradecemos y valoramos vuestro tiempo, dedicación y ganas de compartir vuestra experiencia con todos nosotros.

sábado, 24 de junio de 2017

M92 - Globular en Hercules

La noche del 27 de diciembre de 1777, Johann Elert Bode descubrió en Berlín el cúmulo globular que más tarde redescubriría Messier en 1781, y que catalogaría como M92. Como comenté en la entrada que le dediqué a la observación que hice de él con mi SC de 127mm, se puede considerar como el “otro” cúmulo globular de la constelación de Hercules. Y es que queramos o no, resulta muy difícil no caer en la tentación de relativizarlo al hacer una comparación con el magnífico M13.

Pero me resisto a no valorarlo como se merece.

Durante mi observación del 6 al 7 de mayo de 2017 con el SC de 235mm, después de disfrutar un buen rato con M13 -sí, lo reconozco, no pude evitar empezar por él- apunté hacia M92. Y a pesar que la Luna se encontraba brillando con potencia, iluminada en un 85% de su superficie, el globular ofrecía un aspecto que impresionaba.



Más pequeño que M13 y más afectado por la contaminación lumínica lunar, su núcleo se presentaba compacto, potente y resoluble. Una verdadera preciosidad. Éste se encontraba rodeado por un halo menos denso, también resoluble, y en las zonas más externas del globular percibí un buen número de estrellas desperdigadas por su alrededor. Era un cambio muy brusco, lo que me hizo plantear de nuevo el condicionante del brillo de la Luna. Tal vez, sin ella presente en el cielo, la diferencia de densidad estelar entre el núcleo y las zonas más alejadas de él no sería tan brusco como lo vi y como aparece en el dibujo que hice.

Sin duda, tengo que revisitarlo en una noche con condiciones más favorables.

Y la verdad es que en la actualidad, los aficionados no podemos quejarnos. Tan sólo hay que ver las notas que tomó Messier cuando lo observó por primera vez:

“Nebulosa, bella, notable y de gran luminosidad, entre la rodilla y la pierna izquierda de Hércules. Se ve muy bien con un telescopio de 1 pie. No contiene ninguna estrella. El centro es claro y brillante, rodeado de nebulosidad, y recuerda el núcleo de un gran cometa”.

Carta generada con Cartes du Ciel

viernes, 16 de junio de 2017

Solsticio de Verano - Stonehenge

Cuando estoy solo, en medio de la naturaleza, bajo un cielo nocturno plagado de estrellas, me doy cuenta de cómo pudieron llegar a sentirse nuestros antepasados ante una experiencia como esta. Una experiencia que, a diferencia de lo excepcional que a mí me resulta, para ellos formaba parte de su vida cotidiana.

Su existencia, su supervivencia, se encontraba íntimamente ligada a entender la relación entre nuestra especie y el entorno en el que vivimos.

En los albores de la civilización, era de vital importancia ser conscientes que esta mecánica celeste condicionaba el devenir de las estaciones, los periodos de siembra, de recolección, las épocas de migración de los animales… en definitiva, la vida.

Buscar las razones por las cuáles se producía este ciclo anual, dieron pie a supersticiones, mitologías, cultos y creencias, pero el constatar el tempo y predecir los acontecimientos estacionales de manera práctica, fueron el germen de la ciencia.

Hace unos 5.000 años, en lo que actualmente es el condado inglés de Wiltshire, en pleno periodo neolítico, empezó la construcción de lo que se considera uno de los primeros lugares donde el hombre plasmó su conocimiento sobre los eventos astronómicos, el crómlech megalítico de Stonehenge.


Incluso en nuestros días, a pesar de la tentación romántica de atribuirle una categoría de complejo observatorio astronómico, la realidad es que tan sólo se puede aseverar que “…el eje principal del monumento está alineado en la dirección de la salida del Sol el día más corto del año (solsticio de verano) o de la puesta en el día más corto (solsticio de invierno) y que quizá haya un alineamiento lunar, pero nada más” (1).

Sea como sea, estas piedras siempre me han atraído de una manera especial por lo que representan: La relación del Hombre con el Cosmos. Y el dibujo lo he hecho para compartir en el blog esos sentimientos que muchas veces aparecen cuando estamos observando el cielo estrellado, esos sentimientos que evocan una sensación de unión con los ancestros que empezaron a ser conscientes del mundo que les rodeaba.

(1) “El desafío del Universo” – Telmo Fernández / Benjamín Montesinos

viernes, 2 de junio de 2017

Fotografía de M13 el 6 de mayo de 2017

La noche del 6 al 7 de mayo, después de tres horas observando diferentes objetos con mi SC de 235mm, empecé ya a sentirme algo cansado, si añadimos que la Luna se encontraba brillando con fuerza en el cielo, decidí muy a mi pesar ir dando por concluida la sesión.

Pero no quería irme sin intentar ampliar mi modesta colección de fotografías de cielo profundo, así que mientras me dedicaba a ir recogiendo los bártulos, dejé la Nikon D5100 acoplada al telescopio apuntando hacia M13.

Este magnífico cúmulo globular lo estuve observando anteriormente y a pesar del condicionante lunar, me dejó tan impresionado que pensé que sería una buena opción para concluir la noche.

Cuando en junio de 2011 compartí en el blog mis primeros pinitos astrofotográficos, lo hice consciente de que su calidad era bastante discreta, pero quise subirlos por dos razones. La primera, por qué me hacía ilusión fotografiar por mí mismo estas maravillas celestes, y la segunda, para poder tener una referencia comparativa de mis inicios y mi futura evolución como fotógrafo.

Sé que no tengo el tiempo libre suficiente como para poder ir mejorando todo lo que me gustaría en este complicado subcampo de la afición que es la astrofotografía, pero por otro lado, veo que las dos razones que me movieron en su día a subir esas fotos, son perfectamente válidas hoy por hoy. Así que aquí dejo mi última versión de M13:

 
Este tipo de cúmulos globulares, brillantes y resolubles, me resultan especialmente complicados a la hora de fotografiarlos, ya que si quiero evitar que se queme el núcleo, no consigo captar las estrellas más débiles; y si quiero alcanzar estas magnitudes tan esquivas, el núcleo sufre y queda saturado.

En este caso, haciendo muchas exposiciones de tan sólo 5 segundos, creo que he conseguido un resultado bastante equilibrado que me ha dejado bastante satisfecho. Poco a poco, pasito a pasito veo que algo voy mejorando, y si uno disfruta con lo que está haciendo ¿qué más se puede pedir?

sábado, 27 de mayo de 2017

Patas de Araña en M13

Cuando la Luna se encuentra brillando en el 85% de su superficie no es aconsejable centrar nuestras observaciones en objetos difusos de cielo profundo, así que la noche del 6 de mayo de 2017, después de haber echado un vistazo a la Luna y a Júpiter, decidí apuntar mi SC de 235mm a un viejo conocido que nunca defrauda, el cúmulo globular M13 en Hercules.

Carta generada con Cartes du Ciel
Durante todos estos años aficionado a la observación astronómica he tenido ocasión de verlo bajo diferentes condiciones de contaminación lumínica y estabilidad atmosférica, y con diversos instrumentos.

Ha habido veces que lo he visto como una simple manchita redondeada y difusa, sin poder resolverlo; otras lo he podido resolver, pero sin poder percibirlo en todo su esplendor por culpa de las luces urbanas; y bajo condiciones óptimas he sido testigo de una bacanal estelar explotando en mi retina. Pero lo que no había notado tan claramente hasta esta noche de mayo, era lo que el maestro Comellas en su libro “Catálogo Messier”, describía como “patas de araña”.

Supongo que la presencia de la Luna, paradójicamente, ha amortiguado el brillo de las estrellas periféricas más débiles ofreciéndome esas patas arácnidas de una manera más evidente de lo que podía percibir en otras ocasiones.

No siempre me atrevo a dibujar lo que veo, especialmente en el caso de los globulares brillantes y ricos, pero ante la excepcionalidad de la observación, decidí intentarlo.

No suelo hacerlo, pero esta vez me vi obligado a romper tres dibujos que había empezado. No me acababa de convencer tal como quedaban, alejados de la impresión que tenía por el ocular. Finalmente, sin estar del todo satisfecho, decidí dar por buena esta versión:



Era impresionante, cuatro brazos estelares que emanan de un núcleo brillante, extenso y perfectamente resoluble. Una de las vistas más bellas y emotivas que podemos ver con nuestros telescopios.

sábado, 20 de mayo de 2017

Cometa C/2015 V2 (Johnson) el 6-5-2017

El pasado 6 de mayo de 2017 tuve la oportunidad de desplazarme para observar el cometa C/2015 V2 (Johnson) con mi telescopio de 235mm. Las condiciones de observación no eran las más adecuadas, más que nada por la presencia de la Luna en el cielo. Iluminada en el 85% de su superficie, no ayudaba demasiado a la hora de percibir los objetos más difusos y débiles.

Pero como hay que aprovechar las pocas ocasiones que tengo actualmente de practicar la afición, no dudé en apuntar hacia el lugar donde según las efemérides del MPC debería encontrarse el cometa.

Con la Luna tan presente no tenía demasiadas esperanzas de percibir demasiados detalles del C/2015 V2, pero la estimación de brillo que me daba el MPC de 7,2 me hacía pensar que por lo menos sería capaz de ver su núcleo.

Y la verdad es que fue poner el ojo en el ocular y notarlo sin demasiados problemas. Y digo notarlo, porqué en un primer momento sólo se adivinaba una pequeña manchita al lado de una débil estrella de mag. 12,7 (USNO J1540423 +413639). A medida que voy adaptando mejor la vista voy viendo un núcleo relativamente brillante, y con paciencia logro percibir una cola bastante grande y difusa. Al cabo de un buen rato concentrado llego a la conclusión que no puedo sacar más del cometa, así que lamentando la presencia de la Luna me dispongo a dibujar lo que veo:




Al día siguiente, mientras pasaba el dibujo y las notas a limpio, busqué un poco de información sobre este bonito y asequible cometa y me encontré con una verdadera sorpresa.

Como se puede comprobar en las fotografías de la entrada correspondiente al C/2015 V2 en la página de José J. Chambó (http://cometografia.es/2015-V2/), creo que lo que yo consideré como cola, en realidad se trata de la coma del cometa. Y el hecho de ver en el Stellarium que la cola se extiende en dirección a la estrella que he comentado antes de magnitud 12,6 ayuda a confirmar mis temores.

Stellarium

Espero poder volver a observarlo desde unos cielos oscuros y sin Luna estas próximas semanas. Sin duda, un cometa que promete.

El C/2015 V2 fue descubierto el 3 de noviembre de 2015 por Jess Johnson cuando brillaba con una magnitud 17. El 5 de junio de 2017 llegará a encontrarse a 0,8 UA de la Tierra y alcanzará su perihelio el 12 de junio a 1,6 UA del Sol.

Actualmente el MPC da una magnitud prevista estimada alrededor de de 6,9-6,7, por lo que es perfectamente asequible con unos prismáticos.

MPC

Stellarium

viernes, 12 de mayo de 2017

Júpiter con la sombra de Io el 6 de mayo de 2017

Ahora que no puedo observar tanto como me gustaría, me resulta difícil hacer un seguimiento de los diferentes planetas. Sin ir más lejos, el pasado 7 de abril se produjo la oposición de Júpiter en este 2017, y hasta el 6 de mayo no fui capaz de apuntar el telescopio hacia él.

Pero tengo que reconocer que cuando puedo por fin observarlo, me resulta tan emocionante como el primer día.

La Luna, brillando en el 85% de su superficie, era la gran protagonista de la noche, haciendo que fuera impensable intentar cazar objetos débiles de cielo profundo. Así que decidí centrarme, como no, en la Luna, en algunos Messier brillantes y en el majestuoso Júpiter.

Eran cerca de las 20,00h T.U. y pude comprobar, tal como había visto en el Starry Night mientras me preparaba la sesión de observación, que la sombra de Io se encontraba reflejada en la superficie del planeta y que el satélite empezaba a sobrepasar el limbo de Júpiter.

Dejé de lado todo lo que estaba haciendo y me concentré en cómo el satélite se iba alejando del planeta. Resulta impresionante ver por uno mismo esta danza planetaria, y no puedo evitar recordar a Galileo e imaginar qué debía sentir cuando vio por primera vez esto que estoy contemplando.

Cuando Io ya se estaba alejando de Júpiter me animé a poner la cámara ASI120MM y grabar unos cuantos vídeos con los filtros LRGB. Más tarde con Fitswork acoplé las diferentes imágenes resultantes para sacar el planeta en color. La atmósfera no se encontraba demasiado estable, y me resultó complicado sacar algo decente, pero hoy por hoy, no estoy en condiciones de ser exigente con las condiciones de observación.

A pesar de todo, creo que me queda un bonito recuerdo de la noche.


Probé a continuación una toma única en blanco y negro utilizando el filtro IR Pro 742 para ver si era capaz de mejorar en nitidez, pero aunque algo mejora, no es como para echar cohetes. Sin duda, con más tiempo debo afinar un poco más la colimación del telescopio y esperar una noche con mejor “seeing”. Casi nada.


Para acabar con la observación joviana saqué papel y lápiz y me puse a dibujar lo que podía percibir a través del ocular. Europa, Io y Ganímedes acompañaban al planeta, que se mostraba de color ocre claro con sus bandas bien definidas. Un verdadero espectáculo.


El gigante de nuestro Sistema Solar ha respondido perfectamente a mis expectativas.

Júpiter, 6 de mayo de 2017
AR: 12h 56m
Dec: -04º 21’
Constelación: Virgo
Magnitud Aparente: -2,4
Tamaño Angular: 43,1”
Disco iluminado: 99,8%
Distancia desde la Tierra: 4,571 U.A.